A mí me costaba deshacerme de juguetes que ya no me servían pero que quería conservar. Luego entendí que podrían serles más útiles a otras personas que querían disfrutar de ellos, cuando yo solo les tenía por miedo a no volverlos a ver.
Hoy en día nos pasa esto con personas de las que hemos disfrutado pero que ya no nos son útiles en la vida y sería muy egoista quedárnoslas y hacer que nadie disfrute de ellas, ni que otras personas disfruten de nosotros porque no tenemos más sitio en el cajón de los juguetes y, eso, me parece tan egoista como difícil de superar.
Supongo que él fue su juguete favorito y ahora no le queda tiempo para centrarse en esta marioneta con corazón. Supongo que la costará desprenderse de ese juguete que le ha acompañado durante casi toda su infancia como me costó desprenderme a mí de los tazos de pokemon.
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