Sácame la cabeza o controla lo incontrolable,
no me dejes a medias;
decídete.
Déjame ver como puedes ser tú tan inestable
para en estos días
predecirte.
Puedo quererte tanto como nadie,
si no, no aguantaría el hambre,
no aguantaría el no escucharte,
no aguantaría tu bipolaridad.
Puedes compararte al mismo aire
si no, derramarías sangre,
ni con calor podría amarte,
pero te das un aire a inseguridad.
Bah, me repugnas tanto...
Te odio tanto.
¿Yo que necesidad tengo de sufrir?
Pero me llenas tanto...
Te amo tanto.
¿Será eso lo que me anima a seguir?
No pienso irme nunca así que no pongas escusas.
No pienso dejar que te vayas ni que te quedes sola.
Piensas echarme de tu vida como a las penas
pero no me (ni te) confundas por que eres bipolar
Aunque la culpa ha podido ser mía,
siempre quedarán otros puntos de vista.
Te prometo haber intentado ver todos
y, absolutamente todos, como tú, me confundían.
No sé que se te paseará por tu coco,
afirmo que no lo sé y no me equivoco.
Yo soy el calor y tú la mente fría,
yo el que te cuida como los que cuidan, con aprecio, el oro.
¡Qué putada! resulta que sí, que la culpa es mía,
que yo soy el cambio y tú no eres tan bipolar.
Al principio me rompía hasta abrirme y llorar.
Al final, que la culpa sea mía, es lo que me da rabia.
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