Mi primer poema escrito a cuatro manos
con mi lugar favorito del mundo:
Sonia Sanz Canalejas.
Las sombras que desdibujan
lo que viste
y lo que no también
porque tu mirada es tan viva
que pretende observarlo todo
olvidando que se pierde ciertos momentos:
La efimeridad de los besos
de las manos
que se tocan y, al instante,
ya se echan de menos.
Los ojos azules son mentirosos,
pero, ¿y si no mienten más?
¿Quién se atreve a quitarle
las sombras al miedo?
¿Quién se atreve a jugar al escondite
con las sombras de uno mismo?
Yo no.
Nunca he sido capaz
pero será que apareciste
con la cuenta atrás empezada
y mirando de reojo para saber por dónde me iba.
Te irás, eso es innegable,
pero ahora, aquí
entre verso y beso
siento que te quiero
como nunca quise.
Natural, como respirar,
liberador, como cantar,
bailar de tu mano
en cualquier rincón.
Y mañana Dios dirá.
Pero de momento
yo estoy buscando ese escondite
para mis miedos.
Para que nunca los encuentres.
No paro de buscar
pero es que son tan grandes
que no caben detrás del sofá
ni debajo de la cama
ni tras las cortinas translúcidas
que dejan pasar solo
la luz más limpia.
Yo sigo buscando un escondite
lejos de ti
y todavía te escucho contar,
puede que el mejor lugar sea
dentro de ti.
No recuerdo en qué película
escuché eso de
“cuanto más a la vista más escondido”
y puede que sea como
uno de esos consejos de abuela,
de esos que siempre funcionan.
Por eso he decidido dejar de correr
y verte terminar la cuenta de cerca
para buscar en tu mirada tramposa
(y no por ello menos bonita)
un hueco donde esconder esas sombras
para que cuando las encuentres
no las dejes salir
o simplemente las enciendas un foco.
Entonces
y solo entonces
podré independizarme
e irme a vivir dentro de ti
contigo.

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