domingo, 10 de mayo de 2015

Sonríe mientras puedas.

Vamos a matar a Cronos
y a quitarle la pila a todos los relojes.

Vamos a destripar los campanarios
y a jugar con la posición del Sol
a nuestro antojo.

Nos pensamos quedar en este estado
permanente
sin envejecer ni ver como
la muerte
va encarcelando a seres
de nuestro entorno.

Vamos a follar eternamente.

Vamos a hacer que en un parpadeo
no de tiempo a cambiar de idea 
y que las fotos de cuando éramos pequeños
no se deterioren, ni se pierdan.
Vamos a enmarcarlas todas.

Ya no miraremos al móvil
sin desbloquearlo
ni nos preocuparemos
por la hora de cierre del concierto privado
que nos brindaremos en tu cuarto.

Ya no hacen falta manecillas
más que para que me escribas en la espalda
la palabra “ETERNO”
sobre las líneas de tus arañazos.

Podremos escribir en cualquier momento
todas nuestras paranoias
sin pensar en que deberíamos estar estudiando
y, por lo tanto,
ya no necesitaríamos conciencia.

Porque con conciencia
no podríamos seguir viviendo
con la cruz a rastras
de haber asesinado al tiempo.

Ya no habrán negaciones antes de que cante el gallo
ni planes de futuro
aunque sean a tu lado
porque el futuro será nuestro aliado
y nos regalará todo lo que pidas
antes de soplar las velas
de tu no cumpleaños.

Ahora hay tráfico en hora punta
pero mañana el tráfico apuntará a la hora.
No harán falta cálculos para ver
los Madrid-Barça a la vez en China que aquí.
Me podrás raptar para llevarme al mar
y bañarnos desnudos
que la única amenaza será
tu cuerpo pidiéndome guerra.

Me podrás llevar por todo Latinoamérica,
enseñarme árabe,
ir a vivir a todas las partes de Italia a la vez
y reconstruir Grecia (sin prisa)
para llamar a nuestra hija Atenea,
ya que el tiempo estará bajo tierra
y habrá hueco en nuestras
agendas vacías
para bailar sobre su tumba un vals.

Yo podré enseñarte a dormir mientras truena,
a vestirte de flores con mis poemas,
a no volver a coger el ascensor
porque tenemos todo el tiempo
para subir a la azotea y gritarle al mundo.

Por otra parte
se perderá la magia de bajar las escaleras al trote
para no perder el metro hacia Plaza Castilla
y consecuentemente llegar dos horas más tarde
a mi casa

en la que después te echaré de menos
y lo primero que haré será mirar la hora
para ver que aún sigues despierta
aunque al día siguiente tengas que madrugar.

Se olvidará, también,
lo de “lo bueno se hace esperar”
y es que tú a mí ya me has hecho esperar
casi diecinueve años.

Ahora tengo el pasamontañas preparado
y la pistola cargada con recuerdos de mierda,
de esos que te hacen estremecer
y perder las ganas de aprovechar los días.

Pienso en cuando le apunte
y me esté mirando a los ojos
y, sinceramente,
no creo que se achique
teniendo en cuenta que nadie
ha podido con él
durante toda su vida
y eso es mucho tiempo.
Pero nunca nadie con tantas ganas
de acabar con él
como tú y yo
le han puesto contra las cuerdas.

Estoy esperándote en el coche,
aún es pronto,
suena "caída libre", de Zahara
y tengo la ventanilla bajada
por donde veo como el humo de mi cigarro
se va difuminando conforme más se aleja,
igual que los recuerdos de la humanidad
por mucha nicotina que necesite
nuestra sociedad actual.

Mi cigarro ya se ha consumido
y es la hora,
por fin vamos a acabar con él
pero estoy nervioso y quiero
fumarme otro piti
pero tú no has llegado
y me picaste el mechero.

Te veo venir con mi chaqueta de cuero,
con tus converse
y una falda al vuelo.
Entras
y antes de darme un beso
ya me has ofrecido fuego.

Me lo enciendes,
me enciendes
y nos vamos.


Ya vamos
a por ti;
sonríe mientras puedas

hijo de puta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario