domingo, 6 de septiembre de 2015

A la altura de una mierda de su perra

Ahí estoy yo:
  a la altura de una mierda de su perra.

En el suelo. Aún cálido
como el resto de cadáveres recientes,
esperando que me recoja con una bolsita de plástico
y me lleve hasta la papelera más cercana.

Y lo hace.

Me recoge
con cara de asco y la mirada en cualquier otra parte
—que siempre será mejor que en mí—
y me lleva,
lo más lejos posible de su cuerpo
con el brazo extendido,
hasta la papelera más cercana
con urgencia.

Con ganas de liberarse de algo que huele mal
y que mejor recoger.

No sea que alguien me pise
y tenga que limpiarse los zapatos.

Por si fuera poco 
en la papelera tengo una compañía de mierda
y mejor solo que mal acompañado.
Pero los problemas
y los pensamientos resultantes
siguen agrietándome
permitiendo que goteen mis fuerzas.

¿Qué más da?
¿Acaso los muertos necesitan fuerza?

Supongo que sólo los que quieren revivir.

Y yo quiero,
si es para hacerlo a tu lado.


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