Me vienes y me dices
que escriba de cuando teníamos sexo.
(Porque ya no tenemos.)
Y, tú, ¿quién eres para decirme
sobre qué tengo que escribir yo?
Ah, ya;
Mi musa, casi se me olvida.
Pero es que no puede
un poeta
por muy bueno que sea
escribir tranquilo
con presión encima.
Pero si puede
una musa
atractivamente interesante
incitar a escribir
conmigo encima.
Por eso te prometí
escribirte en la espalda
sobre nuestros abusos a la cama
y no precisamente para dormir.
En la espalda, sí.
Así no te lo podrás leer
hasta que me haya ido
y te hagas una foto
en el espejo del baño.
Así podré escribirte sin la presión
de la duda que martillea a cualquier poeta
de si sus versos, su poema, su letra
le gustarán a ella. Por que escribe para ella.
¿Pero quién eres tú para que yo te escriba?
Ah, ya;
Mi musa, casi se me olvida.
Y digo casi por que tú no dejas
que se me olvide.
Y yo me alegro de seguirle escribiendo
a algo tan libre cono el aire.
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