Lo cocino a fuego lento, sin llamas.
No quiero que se queme lo que ella me heló.
Aunque lo haría cenizas cuando me desespero,
cuando me escuece la admiración que te tengo.
Nostalgia.
Lo que cocino sin prisa
es nostalgia.
La relación amor odio
es solo suya.
Porque la temo pensándola en futuro,
me estimula si está en mi presente
y la echo en falta cuando se ha ido.
También te pasa a ti, "Océana".
Tú que eres tan bonita por fuera
y tan misteriosa por dentro.
Tan profunda
y, sin embargo, algo tan insustancial te contamina.
Eso es lo que me sorprende de ti.
Tú que me estimulas con cada ola,
tú que guardas tesoros en barcos hundidos,
tú que das lugar a tantos seres vivos…
La nostalgia no podrá contigo.
La nostalgia acecha y se esconde en cada poro
de la persona que no vemos
y que querríamos sentir cerca.
O de la persona que tenemos cerca
pero miramos al calendario y de medio año en adelante
visionamos, con temor, los días vacíos.
No sé que contarte de mi prometida,
la nostalgia.
No sé que contarte de mi verdugo
que no sepas ya,
Océana.
Te diré que ya he compartido mucho con ella
y que no me arrepiento de nada.
Me hace pensar.
Me lleva al límite de la tristeza y una vez allí
me hace reaccionar.
Es extraordinaria.
No imagino lo que puede llegar a hacer contigo.
Puede que haga de tu océano
varios mares.
Que unos invadan golfos,
otros que sean bahías.
Cada una de tus orillas puede bañar miles de piernas distintas,
puden refrescarlas y hacerlas brillar al Sol.
Eso te llenará de alegría y sueños,
de gente jugando contigo
a un juego en el que nunca puedes perder.
Puedes formar parte de puertos repletos de veleros
y yates de lujo llenos de dinero.
Tú eres felicidad, eres Océana.
Y, ¿la nostalgia?
Tan solo una herramienta,
un fantasma de cuando te sientes sola.
Es el chaleco salvavidas del niño que se pierde en tus adentros.
Del que se cree buzo
y se sumerge en ti
y no teme indagar
ni piensa en cómo salir.
Ese niño, cuando no pueda adentrarse más en tu océano,
llegará a una de tus desembocaduras
con el bañador de colores más bonito y su pelo
empapados de tu agua.
Y siempre que se acuerde de ti podrá salir corriendo de su casa
a bañarse en tu orilla,
a jugar con sus amigos allí.
Jamás te olvidará.
Puede que le vayas dejando heridas
pero se las curará el mar,
con la sal.
"Si escuece cura",
dice el refrán.
Ese niño vivirá feliz, como estoy viviendo yo,
gracias a esa carga cambiante
que es la nostalgia.
Y entre darle las gracias o acabar con ella
me quedo con agradecerla,
simplemente,
su presencia
porque sin ella no hubiera tenido fuerza interna
para llegar de donde he venido.
Supongo que tu nostalgia
es la luna,
ejerciendo presión sobre tu cuerpo,
subiendo y bajando la marea.
Bajando y subiendo la marea.
Y entre tantas idas y venidas
nos marea.
No me des las gracias,
pues escribir esto
también me ayuda a mí.
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