Estás como un cencerro, como una regadera,
como una camiseta tendida que ha perdido una pinza.
Estás como una margarita deshojada que acabó en un
“no me quiere” sabiendo el truco para que te salga,
como un tarro de Nocilla sin rebañar,
como un cigarro de liar apagado a la segunda calada
cuando tienes repleto el gas pero la piedra jodida.
Estás siendo levantada por el competidor
subido en el escalón del podiúm
donde hay impreso un 2: estás alzada a rastras.
Estás en la parada del autobús esperando que hoy pase tarde
cuando segundos antes de que llegaras acababa de marcharse.
Estás empezada con todo tipo de ilusiones pero sin continuar
como algunos poemas desteñidos que comencé a escribirte.
Estás siendo empapada por culpa del Sol que tanto me ilumina.
Estás pasando abril con la boca seca.
Estás escuchando a Sabina a todo volumen en tu salón
para intentar camuflar los quejidos
que te salen por cada latido.
Estás jugando a meterte en las botas de Pulgarcito
siendo ridículamente más diminuta.
Estás de muchas maneras tristes
pero la que más me gusta
es que estás lejos

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