miércoles, 3 de septiembre de 2014

La venda que anula la sinestesia de mis ojos azules.

Todo sería mejor con una venda
que tapara mis ojos
o que me tape el mundo,
según se vea.

De esta manera la sinestesia de mis ojos azules
de transmitir mis gritos, mis olores y sabores
quedaría reducido a colores
y dejarían de ser sinestesia
y de ser poesía.

Sería todo un mundo en mi imaginación
provocado por la falta del mudo real
que no sé si es que se me olvidó
o que mi yo jamás conocerá.

Deformaría las cosas
y las procesaría a mi gusto
o disgusto
por que las cosas que se deforman
a veces asustan.

No recuerdo
quien me ató esta venda
que no me deja ver
ni que me vean.

Puede que me la pusiera yo mismo
cuando de pequeño vi lo feo que era el mundo.

Puede que me la pusiera yo mismo
por que el mundo es algo que no comprendo.

Pero, ¿y si me la puso otra persona?
¿Para que querría hacer eso?

Puede que le transmitiera demasiado con mi mirada
y eso le asustara.

Puede que mi mirada
le impactara y notara
que así volaba.

No lo sé,
ni lo sabré.

O puede que cuando me quite la venda
pueda ver
los restos del rimel
de los ojos que la llevaron antes.

Puede que encuentre una pestaña caida
a la que
soplaré comeriendo el crimen
de matar el ultimo deseo de verte.

La venda ya está vieja y deja pasar sombras,
figuras en silueta, luces.
Puede que controle las distancias
desde entonces.

Ya no puedo más.
Quiero ver las cosas tal cual son,
no como me las imagine.

Que no pasen más horas.
Quiero saber lo que es un león,
o una leona fuera del cine.

Pero si me aterra lo que veo,
si las cosas no son como quiero,
o creo, o siento, o prefiero,
se que volveré corriendo
para ponerme la venda
que me pusieron.

Por que la sinestesia de mis ojos azules
es más especial cuando se consigue ver.
Cuando me haces querer, creer, poder,
olvidarme de los bucles,

mirarte a los ojos y ver
que tu también llevabas venda
y, ahora, solo llevas poesía.

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