sábado, 11 de octubre de 2014

Cuando la lluvia se alía contigo.

Es un sábado, ya domingo.
Las altas horas de la noche me pierden,
me vuelven nostálgico y lo sabes.
Además está lloviendo.

Vuelvo a casa borracho
bajo el paraguas,
oyendo como las gotas de lluvia
caen sin poder llegar a mi.

Sin poder llegar a mi
como tú algunos días.

Como tú en los días
en los que soy más superficial
y me ducho con agua caliente
en vez de fría.

De camino se encharcan mis adidas
y pienso en dejar de hacer "eses"
o en plantearme el darte una perdida.

Por que realmente, para mi,
estás perdida.

Vale,
concentración;

Ya estoy en el portal con las llaves en la mano
mentalizándome en subir las escaleras
aun que viva en un bajo.

Meter la llave en la cerradura
es como intentar juntar dos imanes
de polos opuestos.

Al final lo consigo.

Al final lo consigues.

Consigues que te escriba
después de pedirmelo,
después de negártelo,
después de que incluso hayas perdido la esperanza.

Pero siempre lo consigues.

Estoy borracho,
ya lo sabes.
Puedo decir tonterías
o ser sincero
pero sea lo que sea
tú ya lo sabes.

Me conoces
como el recorrido que hago borrcho,
a oscuras, hasta llegar a mi habitación.
Como los perros conocen el olor
de su amo.

Y yo he llegado a casa
y mis perros me estaban esperando
y les he oido susurrando
que olía a perro mojado.

Me conoces
como el ciego que vende lotería
conoce el tacto de los billetes.
Como el enamorado conoce de su amada
todo sus lunares.

Y yo conocía
y conozco
todos los tuyos.
Me sé de memoria las coordenadas
de tú cuerpo
en los que hay lunares,
tesoros
y besos.

Me conoces
como el bohemio se conoce a sí mismo;
prestándose atención, despacio
y sin complejos ni sencillos.
Me conoces
como el que duerme al aire libre
conoce el cantar de los grillos.

Pero ni yo borracho,
ni el olfato de mis perros,
ni el tacto del ciego,
ni la atención del enamorado,
ni la soledad del bohemio,
ni el oido del que duerme en el campo

sabrán conocerme
a mi mismo
como me conoces tú;
sin misterios.

Y no por suerte
ni por celos
es, otra vez,
por culpa
del puñetero tiempo.

Culpa de la lluvia
que se alía contigo
y me calais los huesos.

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