Hoy
por fin,
otra vez,
te voy a escribir a ti.
No sé si estoy preparado,
tú siempre pides mucho
y más y mejor que la última vez
en todo.
Y yo que soy de querer complacer,
de dejarte satisfecha
para sentirme satisfecho
allá voy.
Sabes que te debo más del doble de polvos
que sonrisas me has provocado;
y no son pocas.
Sabes que te follaría todas las veces que me lo pidieras
y las que no tambien;
si no lo pides tú ya lo piden tus piernas.
Te sobra con moverte felinamente
tirada en la cama, el suelo o el césped
para que yo me haga tigre
de los que tienen hambre
y acabes cazándome
tú a mi.
El camuflaje nunca fue lo nuestro
y las gafas de sol nunca nos sirvieron.
Nunca sirvieron porque nuestros ojos
eran reflejo de nuestros deseos
y es por eso que siempre ardían
consumiendo la mecha de la línea de nuestras miradas
hasta estallar en un beso.
La explosión interna que producía ese beso
nos descolocaba por dentro
dejándonos ese desorden como excusa
por si nos preguntan por los desperfectos.
La onda expansiva hacía que me arrancaras la ropa a zarpazos,
como una leona
y que yo siguiera tus pasos
como quien sigue el rastro de un animal
o como quien sigue los pasos de su pareja
en un vals.
Una vez enfrentados en el cuerpo a cuerpo
las explosiones eran menos potentes
pero sin darse respiro unas a otras.
Nuestros movimientos no nos llevaban a otro sitio
que no fuera la trampa tendida por el engaño
y es que aun que no fuera una piscina
siempre nos tirábamos de cabeza.
Si no te hubieses movido como un felino
pidiendo mimos...
Si no me los hubieras pedido...
Pero lo haces,
me miras con cara de querer hacer maldades
y esa cara tuya me encanta
y me encanta ver en tus ojos
que sabes que estoy aguantando
el pistoletazo de salida
para entrar a por ti.
Conoces tus armas
y el truco de munición infita.
Yo desconozco el de la vida
pero porque, amor, soy suicida.
El proceso es casi como el de domar una bestia;
se toma el primer contacto visual,
se procede a enjaularse con la fiera,
se recurre al látigo (siempre)
y se dan los golpes y zarpazos necesarios
hasta que la bestia se calma debido a su cansacio.
Pero tú eres una fiera
que ni se sacia ni se doma,
eres la dama del drama,
la reina de Roma.
Y es que cuando escribo sobre ti
me salen palabras como explosión,
como mecha y bomba,
como animales, fieras,
tigres y leonas.
Nunca quedarás satisfecha
y espero que mucho menos domada.
Porque fiera no se es solo en la selva,
fiera me enseñaste a ser en la cama.
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