martes, 7 de octubre de 2014

Los niños que escribían.

El niño que quería escribir
pero sin tener idea de qué,
sin que le saliera solo
o sin tener noción ni fe
no hacía nada más que escribir.

Escribía y escribía
sin saber de qué.
Solo estirajaba las frases
y las adornaba con metáforas y símiles.

A este niño le costaba escrbir
y solo lo hacía cuando tenía la sensación
de que hacía bastante que no lo hacía.

Era como escribir obligado.
Quien sabe escribir escribe
pero no escribe igual que el niño
que no quería escribir.

El niño que no quería escribir
pero le invadían ideas,
le salían solas las letras
y lo hacía solo para leer
no hacía nada más que ser feliz.

Escribía de lo que quería
y como quería leerse.
No pensaba en cómo decorar las frases
ni las hacía estirándolas para poder seguir.

Los dos niños eran muy diferentes
pero les unían una misma cosa:
Las letras.

Las letras
para el que quería escribir
eran su obsesión;

Quería que encajaran bien,
sonaran bien,
se viesen bien
y hasta oliesen bien.

Quería usar las letras
casi de forma matemática
y eso es como usar magia
de manera científica.
De lo que pueden salir cosas buenas
pero dificilmente magníficas.

Las letras
para el que no quería escribir
eran moléculas.

No pretendía que encajaran mucho,
ni que sonaran mucho,
ni que se viesen mucho,
y que se oliesen mucho menos.

Pero causalmente sin comerlo ni beberlo
las letras producían onomatopeyas,
contaban sus propias historias
y hasta olían bien sin usar colonia.
Y así formaban frases profundas
que llegaban a ser magníficas y únicas.

El niño que quería escribir
enseñaba sus poemas y cuentos
a sus abuelos, sus amigos, conocidos...
Solo quería que lo leyeran
y dieran su opinión,
que le animaran y piropearan.

En cambio, el otro niño,
se guardaba para él todo lo que escribía
y solo lo leían quienes lo encontraban.
Y éstos afortunafos
dieron fe de su poder
para emebelesar con sus letras.

El niño que quería escribir
acabó estudiando derecho,
ciencias o matemáticas.

El niño que no quería escribir
acabó escribiendo,
sonriendo a sus propias lágrimas.

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