Solo me quedan ganas de abrazarte
porque en estas horas
de llegar tarde los sábados
solo me queda la necesidad que tengo de ti.
Si estuvieses aquí
sabrías las ganas que tengo
de dormir ofreciéndote mi calor
y tú ofreciéndome a mi
la mejor de las almohadas
aun que seas un saco de huesos.
La verdad que si,
que te tengo necesidad.
Y tú quizás lo sabes
o quizás no,
pero sabes que eres
mi odio platónico.
Y que bonito eso, joder.
Nadie te va a odiar con tanto amor como lo hago yo.
(Por eso eres odio platónico.)
Te odio con buena letra,
con tantos bocetos de rencor a medias.
Iría a verte todos los días
como el Sol todas las mañanas visita mi habitación
Y acaricia el hueco de mi cama
donde podrías estar tú.
Pero no estás.
Y sin ti la luz no es luz.
Me vuelves realmente loco
porque me atrapas en tu océano
y las cuerdas que amarraban mi barco
hace ya tiempo que las deshilachaste.
Ahora navego.
Navego por tu recuerdo,
por el recuerdo de tu cuerpo
desnudo,
por el de tu pelo
de cabeza de niña
con ganas de ser adulta,
independiente y ahora
menos tonta.
La verdad es que nunca has sido ni tonta
ni dependiente.
Los arañazos que has ido descuidando en mi espalda
y que siguen sin curarse
son los que me escuecen
cuando sube la marea
y me irrita la sal de la verdad
y de la envidia.
Claro, envidia.
Tengo envidia de tu cama
por ser donde te desmayas
cuando se agotan tus energías.
Envidia de tus llaves
que van siempre en tu bolsillo
y por que te agobias si no las encuentras
y las necesitas.
Envida de tu espejo
que refleja cada rato
tus grandes ojos
donde caben mundos,
universos enteros
y también partículas de átomos
que se esconden,
como yo,
en tu inmensidad.
Envidia del libro de poesía
que lees antes de dormir
ya que esas palabras son las últimas que lees
antes de dormirte en tu cama
la cual ya he dicho que envidio.
Envidio todo lo que pase tiempo contigo
o simplemente te pueda observar,
o besar,
o dejarte sin habla.
Envidio a la luna que miras perpleja,
la misma que tienenpendiente bajar
tantos enamorados
pero que solo disfrutan los gatos
cuando cada vez quedan menos
como mis fuerzas,
proporcionalmente indirectas del tiempo.
Y te odio,
mi odio platónico.
Mi amor platónico,
mi ardor más frío,
mi hielo que quema,
mi amiga distante,
mi nada absorbente.
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