martes, 21 de octubre de 2014

Sin mis llaves no me recoges.

¿Cuántas veces te he dicho ya que te quiero,
cuántas veces no me has creído?

¿Cuántas veces acabé borracho
por no beber ni con hielo,
cuantas acabé escribiendo sin mirar al cielo?

Tantas veces te lo he dicho
que ya ni gesticulo
y me entiendes
y me dices ‘no te creo’.

Tantas veces he llegado a oscuras
que solo los gatos más negros me han acompañado.

Y ya me conocen.
Saben perfectamente de dónde vengo
y a dónde voy,
de quién dependo
y de quién no.

No necesitan saber mi nombre
y si me lo piden ni se lo doy.

Solo quieren acompañarme una noche
de camino a casa,
compartiendo el frío
con la mirada rasgada.

Y una noche apareciste tú.

Y me empezaste a observar,
analizar,
mirándome de reojo
como hacía el resto de gatos.

Y me empezaste a hacer preguntas,
guiños sabor caramelo
y me di cuenta de que los gatos
nunca hacen regalos.

Tú me acompañabas de camino, por placer
y no por no tener nada mejor que hacer
o por ver si al llegar te daba leche.
Yo te dejaba en los labios la miel,
tú me dejabas en los ojos
las ganas de volverte a ver.

Tú pasaste.
Has sido la más afortunada
o la que más se lo merecía
y has acabado entrando.


No todas las personas pasan.
No todas me roban las llaves
y además saben usarlas,
pero, tú, sabes.

Cuando quise poner otro candado
tú ya estabas dentro
tirada en la alfombra
con la llave en tus piernas
y el candado en tu mirada de loca.

Me di cuenta de lo calculadora
y lo sensible
que eres a la vez
y no hay nada en ti
que descubra tu complicada sencillez.

Cuando pienso que tengo tu llave
solo veo más claro que tú sigues con la mía;
me das el toque de queda.
No puedo llegar tarde por que cierras
igual que cierran los hoteles en verano
y nos perdemos las fiestas.

Pero más de una vez he llegado tarde
y me he quedado gritando en tus puertas,
en tus piernas; mi meca,
donde rezo de rodillas
y me oriento hacia ti
y a veces me perdonas
y me desorientas
y desorientado
me alejo de ti.

No habría problema en alejarme
si tu no me hubieras robado mis llaves.
En ocasiones pensé que ya las tenía,
que me las habías dado.
Y así es.

Pero vuelves
con una copia de las putas llaves
y me abres por dentro,
me desordenas todos los lunares,
me acaricias los arañazos
y las heridas me las lames.

No puedo quejarme de que no me guste,
por eso no lo hago.

Damos paseos por cualquier lado
(dentro de mí, claro)
te bañas en mis ojos,
me agarro a tus curvas.
Te digo que te quiero,
me dices que ni se me ocurra.

Pero sé que me quieres
como sabes que yo
ya he perdido varias llaves
cuando otras me las han quitado,

te doy un beso
y, aún así,
te relames.

Cariño, ya estamos de camino,
ve sacando las llaves…
¿Qué no las encuentras?
Será que tienes razón
y ya casi ni me ves.

Podemos probar a tirar la puerta,
romper nuestros grilletes,
desencadenar las cadenas
que atan nuestros tobillos
a todos nuestros errores.

Sé como eres;
caos y destrucción
sensible.

Y sé que lo que eres
porque por ti
ya me he subido por tus paredes.

Y nunca caigo de pié,
y solo a veces me recoges.
Solo a veces;

cuando tienes mis llaves.

1 comentario:

  1. Da gusto leerte Lu-monster!
    Yo me acabo de abrir el blog,por si te interesa darte un voltio en tus días de aburrimiento.
    Un abrazo! Ü

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