sábado, 2 de mayo de 2015

Después de probarte: miedos y efectos secundarios.

De gratis apareces
y me recuerdas
lo precioso de las coincidencias
y de las cosas en común.

Apareces
y te cuelas
cual sonrisa en mi cara
cuando me amaneces.

Es verte y solo pensar
en hacerte fotos, escribir
algo bonito solo para ti,
querer que me enseñes a bailar
y olvidar el significado de que me crezca la nariz.

Entonces te pruebo.
Llevabas toda la tarde esperándolo.

Y entonces lo hago.

Y solo entonces me doy cuenta
de que sabes dulce,
sabes a cerveza fría.

De que eres tan inflamable como el alcohol
y yo tan caliente como un pirómano.

De que dejaría que tus ojos
color naturaleza y vitalidad
fuesen mi faro

que si me estrello
será que me he desorientado
y no por el parpadeo de tu luz.

De todas maneras
puedes buscarme en la orilla
donde duermen los valientes
tras ser mecidos por la deriva.

Tú me llevas,
me enseñas tus heridas.

Yo paseo por tu cuerpo
mis manos en prematuro Ramadán
y siento como empiezo a olvidar
la frontera entre mis dedos
y las profundidades de tu mar.

Después de probarte
también me doy cuenta
de que haces de mis cenizas
brasas calientes
por las que caminas
cuando me clavas tus dientes.

Después de probarte
me he dado cuenta
de que me daba miedo escribirte
porque eres más lista que el hambre
y sabes que escribir,

para mí,

es sinónimo de desnudarme.

Me sabes leer a la perfección
aún cuando no escribo
o tapo mi mirada
con el marcador
por donde otros pararon
de ojear mi poesía.

Después de probarte
mis espectstivas han mutado
en hechos
(no dudaba que fuera a pasar)
los cuales nadie podrá comprender
a menos que mire con mis ojos.

Después de probarte
mi orgullo se hizo pequeño
como tu cuerpo cuando hay tormenta
y no puedo estar cerca
para llenarte las orejas de murmullos
y palabras
que usaras de muro.

Pero no estoy aquí para hablar de tus miedos;
estoy para hablar de los míos,
como siempre he hecho.

Ahora mismo tengo miedo
a no poder aguantar este dolor
de mano
por recordarte
tan deprisa.
Como me siga doliendo voy a tener que parar
y mejor cerrar la mano
que se escapa la musa.

También tengo miedo
a que después de probarte
empiece a escribir cursi
y yo no soy así.
Que luego me leo
y me veo inútiles las ojeras.

Pero después de probarte
me has abierto los ojos
y lo primero que he visto han sido los tuyos:
Como para no escribir
aunque sean las seis de la mañana
cuando ni siquiera los gatos me acompañan.

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