lunes, 18 de mayo de 2015

Lo bonito de la vida (II)

Lo bonito de la vida
es que apenas guardo recuerdos de cuando mis padres decidieron tomar otro camino
sin dejar de tener buen trato y un hijo en común
aunque bonito, también,
es que si pudiera recordar carecería de noción de lo ocurrido
como quién es drogado a traición
y solo recuerda de manera onírica
sin entender dónde
ni por qué ha amanecido.

Lo bonito de la vida
es haber podido crecer junto a las personas que más quería
por muy lejos que se sintieran el uno del otro
y ver cómo sonreían con sus prometidos
y ver cómo florecían los capullos de mis hermanos
a los que tanto querría.

Lo bonito de la vida
es que cuando se asomaron los problemas del dinero
yo estaba a punto de cumplir mi mayoría de edad
y ayudé a embalar recuerdos
que a medida que los acomodaba en las cajas de cartón
parecían más infinitos
de dolor.

Fue ahí cuando acababa de meterme en esto de escribir.
Aunque ya lo había hecho desde hace años
comencé a tener mucha más conciencia
y las cosas claras
pudiendo, así, profundizar mucho más en mi ser.

Entonces empecé a dar pinceladas tímidas,
casi inapreciables
por todas partes.

Cada vez más coloridas.
Cada vez con más confianza.
Cada vez habían más heridas.

Entonces empecé a vestir a locas con mis poemas
y a darme cuenta de que parecían encargos
y yo no era dueño de mí

o no mientras escribía.

Pero, eso,
era  y es


lo bonito de la vida.


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