Tú eres tan de hablar sin parar,
sin decir nada,
y yo tan de callar cuando tengo tanto que decir.
Luego transmites lo realmente importa con tus manos,
tus expresiones,
onomatopeyas
y cuerpo
pero sobre todo con tu mirada
que busca como un francotirador la mía
que se pierde en otro campo visual
para escapar de tantas emociones
cargadas en el revolver de tus pupilas.
Tú eres un culo inquieto
y yo no muevo el mío más que para ir a verte.
Tú que eres tan de nutrirme
en todos los sentidos
y yo que soy de darte las gracias
en todos los silencios
suspiros
y gemidos.
Tú, que por muy desnuda que te guste pasearte
siempre acabas poniéndote los zapatos,
aunque ebullice verano en tu interior,
para no cortarte con los cristales que un día cayeron a tu suelo
por mucho que haya llegado yo con la fuerza de un huracán
y haya barrido el más mínimo pedazo que te pueda hacer daño.
Yo, que soy tu arquivolta
porque me quedo en tu entrada
incitando a cualquier visitante
a ser un poco más curioso
y querer entrar en tu interior.
Por mucho que te adorne
y cuide las sombras
que yo mismo creo en ti con mis detalles más pulidos
siempre tendrás en cuenta que puedes pincharte
por muy abierto y débil que sea contigo.
Tú, sin embargo,
para mí eres un trampantojo
digno del arte gótico
ya que me embelesas,
me creas imágenes
y lugares
inexistentes
por los que me pierdo
y acabo chocando en tus increíbles dibujos
que, por muy preciosos que sean,
me duelen
más allá
de mi fachada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario